Cómo trabajamos
Qué fuentes consultamos, en qué orden mandan cuando se contradicen, qué damos por verificado y qué no. Sin esto, un mapa de aparcamiento es solo un dibujo.
Lo primero es averiguar si el municipio tiene estacionamiento regulado y, si lo tiene, qué calles exactamente. Por orden de autoridad:
Cuando dos fuentes se contradicen, gana la de arriba, y a igualdad de rango, la más reciente. Siempre se comprueba la fecha de la norma vigente: en más de un municipio la ordenanza cambió hace pocos meses y todo lo publicado antes está obsoleto.
Que una búsqueda no devuelva resultados no demuestra que no haya ORA. Antes de publicar que un municipio es de aparcamiento libre se agota el listado de apps operadoras, que tienen página por municipio, y se revisa la web del ayuntamiento.
Nos pasó: dimos un pueblo por «sin zona azul» y sí la tenía; estaba solo en la app del operador, detrás de un desplegable. Desde entonces la comprobación es obligatoria y por triplicado.
Cuando aun así no aparece nada, la ficha lo dice con esas palabras: no se ha encontrado ordenanza ni parquímetros, lo cual es ausencia de evidencia y no una verificación positiva. No es lo mismo que haber comprobado que no existe, y no lo vamos a escribir como si lo fuera.
Los tramos que se pintan en el mapa salen de OpenStreetMap, cruzando el listado oficial de calles con la cartografía real. Cada nombre se revisa a mano antes de pintarlo, porque las búsquedas por texto producen falsos positivos —una calle que se llama parecido, una carretera nacional que atraviesa el término—.
Las calles que están en la ordenanza pero no aparecen localizables en la cartografía no se pintan: se anotan al pie de la página como pendientes. Preferimos un mapa incompleto a un mapa con tramos inventados.
Se parte de los recintos que OpenStreetMap conoce, se ordenan por superficie real (los grandes son los que resuelven el problema) y se identifican uno a uno con geocodificación inversa y con lo que se publica sobre ellos. Después se contrastan con guías locales y foros, que es donde aparecen los nombres por los que la gente los conoce de verdad y los trucos que no están en ningún sitio oficial.
Un aparcamiento sin coordenadas comprobables no entra en el mapa. Si la posición es aproximada, el propio punto lo avisa.
Regla dura: ningún precio se publica sin dos fuentes independientes o una fuente oficial fechada.
Un precio de más de doce meses vuelve automáticamente a la casilla de «por confirmar». Y si un recinto no tiene tarifa publicada en ninguna parte, se dice justo eso en lugar de presentarlo como gratuito.
Las zonas de dificultad, las horas punta y los consejos de temporada son criterio editorial, no dato oficial, y en las fichas van señalados como tal. Se apoyan en cosas comprobables —superficie de las bolsas, distancia a pie a los destinos, calendario de fiestas y mercadillos, capacidad frente a afluencia— pero siguen siendo una valoración.
Cada ficha lleva al pie sus fuentes y la fecha de la última revisión. El orden de repaso es este:
Además, un control automático repasa periódicamente todas las fichas y avisa cuando la cartografía abierta conoce un aparcamiento que la página no tiene, o cuando una ciudad se ha quedado sin ningún parking de pago listado. Lo que ese control marca se revisa a mano contra la fuente antes de tocar nada.
Se corrige, se anota y se actualiza la fecha de revisión de esa ciudad. Guardamos internamente el histórico de qué se cambió y cuándo, para poder rehacer el camino si un dato vuelve a bailar.
Si has visto algo que no cuadra —una tarifa nueva, un horario cambiado, un solar que ya no existe, una zona azul ampliada—, cuéntanoslo. Con una foto del cartel, mejor todavía.
La señalización existente en la vía prevalece siempre sobre lo publicado aquí. Esta web sirve para llegar sabiendo dónde mirar; el cartel y el parquímetro son los que mandan cuando ya estás delante.